30 ago. 2009

Día del Blog

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23 ago. 2009

Como agua y gas

M. Duchamp - 1958 - Ready-made imitado: letras blancas sobre una placa esmaltada azul, réplica de las placas de los inmuebles parisinos de principios de siglo. 15 x 20 cm.
"Se instituyeron nuestras Bellas Artes y se fijaron sus tipos y usos en tiempos bien distintos de los nuestros, por obra de hombres cuyo poder de actuar sobre las cosas era insignificante frente al que hoy tenemos. Pero el pasmoso crecimiento de nuestros medios, la flexibilidad y precisión que éstos alcanzan, y las ideas y costumbres que introducen, nos garantizan cambios próximos y muy hondos en la antigua industria de lo Bello. En todo arte hay una parte física que no puede contemplarse ni tratarse como antaño, que no puede sustraerse a las empresas del conocimiento y el poder modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años lo que eran desde siempre. Hay que esperar que tan grandes novedades transformen toda la técnica de las artes y de ese modo actúen sobre el propio proceso de la invención, llegando quizás a modificar prodigiosamente la idea misma de arte.
De entrada, indudablemente, sólo se verán afectadas la reproducción y la transmisión de las obras. Se sabrá como transportar y reconstituir en cualquier lugar el sistema de sensaciones —o más exactamente de estimulaciones— que proporciona en un lugar cualquiera un objeto o suceso cualquiera. Las obras adquirirán una especie de ubicuidad. Su presencia inmediata o su restitución en cualquier momento obedecerán a una llamada nuestra. Ya no estarán solo en si mismas, sino todas en donde haya alguien y un aparato. Ya no serán sino diversos tipos de fuente u origen, y se encontrarán o reencontrarán íntegros sus beneficios en donde se desee. Tal como el agua, el gas o la corriente eléctrica vienen de lejos a nuestras casas para atender nuestras necesidades con un esfuerzo casi nulo, así nos alimentaremos de imágenes visuales o auditivas que nazcan y se desvanezcan al menor gesto, casi un signo. Así como estamos acostumbrados, si ya no sometidos, a recibir energía en casa bajo diversas especies, encontraremos muy simple obtener o recibir también esas variaciones u oscilaciones rapidísimas de las que nuestros órganos sensoriales que las recogen e integran hacen todo lo que sabemos. No sé si filósofo alguno ha soñado jamás una sociedad para la distribución de Realidad Sensible a domicilio.
Entre todas las artes es la música la que está más cerca de ser traspuesta al modo moderno. Su naturaleza y el lugar que ocupa en el mundo la señalan para ser la primera que modifique sus fórmulas de distribución, de reproducción, y aun de producción.
De todas las artes, es la música la que tiene mayor demanda, la que más se mezcla con la existencia social, la más cercana a esa vida a la que anima, acompaña, o imita en su funcionamiento orgánico. Se trate de progresión armónica o letra, de espera o acción, del régimen o de los imprevistos de nuestro durar, la música le sabe arrebatar, combinar y transfigurar su paso y sus valores sensibles. Nos trama un tiempo de falsa vida insinuando apenas los trazos de la verdadera. Nos acostumbramos, nos entregamos a ella con igual delicia que a las substancias justas, potentes y sutiles que celebraba Thomas de Quincey. Como toca directamente a la mecánica afectiva, que maneja y pulsa a su antojo, es universal por esencia; encanta y hace danzar por toda la tierra. Al igual que la ciencia, se vuelve una necesidad y un producto internacional. Esa circunstancia, junto a los recientes progresos habidos en medios de transmisión, sugería dos problemas técnicos:
I. Hacer oír en cualquier punto del globo, al instante,
una obra musical ejecutada en cualquier parte.
II. Recuperar a voluntad una obra musical en cualquier
parte del globo y en cualquier momento.
Esos problemas están resueltos. Las soluciones se vuelven cada día más perfectas.
Aún estamos bastante lejos de dominar hasta ese mismo punto los fenómenos visibles. Color y relieve aún se resisten bastante. Un sol que se pone en el Pacífico o un Tiziano que está en Madrid no vienen aún a pintarse en el muro de nuestro cuarto con la misma fuerza y verosimilitud con que recibimos una sinfonía.
Todo se andará. Quizás se vaya aun más lejos y se sepa cómo hacemos ver algo de lo que se encuentra en el fondo del mar.
Pero en cuanto al universo del oído, sonidos, ruidos, voces y timbres nos pertenecen desde ahora en adelante. Los evocamos cuando y donde nos place. Antaño no podíamos gozar de la música en el momento elegido, según nuestro humor. Nuestro gozo se debía acomodar a la ocasión, al lugar, la fecha y el programa ¡Qué de coincidencias hacían falta! Ahora se acabó esa servidumbre tan contraria al placer, y por tanto a una inteligencia más exquisita de las obras. Poder escoger el momento de un goce, poderlo disfrutar cuando no sólo es deseable para el espíritu sino que viene exigido y como esbozado ya en el alma y en el ser, significa darle todas las oportunidades a las intenciones del compositor, puesto que es permitir a sus criaturas que resuciten en un medio viviente no muy distinto de aquel en que fueron creadas. El trabajo del artista musical, sea autor o virtuoso, encuentra en la música grabada la condición esencial del más alto rendimiento estético.
Recuerdo ahora una fantasía que vi de niño en un teatro extranjero. O creo haberla visto. En el castillo del Encantador, los muebles hablaban, cantaban, tomaban parte poética y burlona en la acción. Una puerta tocaba al abrirse una fanfarria pomposa o chirriante. No había cojín que al sentársele alguien no gimiera alguna frase cortés. Cada cosa desprendía melodías al rozarla.
Espero que no lleguemos a tales excesos de magia sonora. En la actualidad ya es imposible comer o beber en un café sin verse perturbado por algún concierto. Pero será maravillosamente agradable poder cambiar a nuestro antojo una hora vacía, una tarde eterna o un domingo infinito en magia, ternura o movimientos de espíritu. Hay días malos; hay personas muy solas, y no faltan aquéllas a quienes la edad o el desvalimiento encierran consigo mismas, que ya se conocen de sobra. Héte aquí que esos ratos vacíos y tristes y esos seres destinados al bostezo y los pensamientos taciturnos son ahora dueños de adornar su ocio o de infundirle pasión.
Tales son los primeros frutos que nos ofrece la nueva intimidad de la Música y la Física, cuya alianza inmemorial ya nos había dado tanto. Y se verán muchos otros." La conquista de la ubicuidad (1928) - Paul Valéry

16 ago. 2009

Crímenes remixados y anfibios
"Yo creo que de todos los géneros quizá el policial sea el más artificial, porque en verdad los crímenes no se resuelven por razonamientos, sino por delaciones." Jorge Luis Borges
Life Over. Game on
Informante anónimo. ¿Quién soy? Soy una persona informada cuando hay que detectar algo y un intruso cuando hay que investigar...
Alguien fue asesinado ¿Pero quién? Y ¿cómo? Sólo hay una manera de averiguarlo. Sumérgete. Es una investigación. Yo jugaré contigo. ¿Juegas?
Para navegar en mi mundo, haz clic directamente en la evidencia. Para retroceder haz clic en la pantalla blanca. Sigue haciendo clic, yo te daré pistas...cuando yo quiera.
No dejes ninguna pista sin voltear. No ignores mi ayuda. Lee los archivos con cada pieza de evidencia salvada. Cuando termines un juego, sé paciente, yo volveré con más. Tómate tu tiempo (aproximadamente 10 días)
¿Eres un jugador? Regístrate usando tu dirección de correo-electrónico. Tienes que iniciar tu sesión. Comunicación es el nombre del juego.
Internet es tu amigo. La televisión es la mía. Búscame, en todas partes.
-Informante anónimo.
Más pistas aquí y aquí
Las imágenes son de Mystery Case Files

9 ago. 2009

No necesito verte para saberlo
¿La rosa es la rosa o es el nombre de la rosa? Nos repetía una profesora en sus clases de filosofía citando a Borges, si es que la memoria no me engaña. Aunque ahora que lo pienso, no importa demasiado si el nombre de aquel autor corresponde empíricamente al que se reconstruía textualmente en la cita, cada vez que la profesora hacía sonar aquella frase una y otra vez. No al menos si lo que buscamos son confiables índices de verosimilitud. Igualmente el enunciado rosáceo le cabría bastante bien al imaginario Borgeano.

¿Y si en vez de preguntarnos por rosas nos preguntásemos ahora por Borges? Me animo a decir que muy probablemente seguiríamos por similares desvíos o "laberintos" de letras y escritos. O mejor aún de escrito, así en singular, porque basta una frase, unas palabras en una línea puestas así de ese modo y no de otro, entre esos espacios, esas comas y puntos, dibujando esas continuidades e irrupciones para que un autor se transfigure en marca y se repita o no, sin centro, de uno y mil modos, hacia adelante o atrás. Ni esto ni todo aquello importa ya. Si cuando lees, de una amalgama de contornos difusos algo se dispara y te pega directo al cuerpo, con eso basta, con el impacto y su efecto prolongado de placebo, veneno, antídoto, calmante y/o excitante, entre ineludibles dosis de contraindicaciones y contradicciones. "No soy muy amigo de la palabra", le oí decir a un actor por ahí, cuando en respuesta a una pregunta que indagaba en ciertas puestas en escena de uno de sus yoes, respondió con un simple llamado a silencio. Contradictorio él, contradictoria yo por no haberme sentido extraña en aquel escenario donde un pacto de lo esperado se rompía. Porque ahí sigue él actuando en palabras de gestos entre silencios y letras, y yo aquí escribiendo otros silencios de esos que se nombran de tantísimos modos. Pero volvamos otra vez al principio, porque empecé hablando de dos rosas y no quiero olvidarme de ninguna. Entonces me pregunto ¿Y si la rosa no es su nombre? ¿Qué pasaría si él fuese simplemente una fugaz apariencia y ella, en su más natural e íntima realidad, sólo eso que percibimos? Eso que ¿vemos? Porque muchos dicen que hay que ver para creer. Pero otros tantos se preguntan ¿Qué ves cuando me ves? Y entonces, así las cosas, tengo la sensación de retorno sobre algunos recorridos transitados ya por los párrafos anteriores.
Unos días atrás una amigo me contaba que había leído en (no recuerdo cuál escrito) un relato sobre cómo vieron los pobladores autóctonos de nuestras bautizadas "Indias", la llegada marítima de los colonizadores españoles. Decían allí que los ojos de los nativos pobladores, desde su tierra, sólo percibieron el extraño movimiento de ondas y olas que las embarcaciones provocaban en su avance hacia las costas. Decían que en ese primer encuentro cercano del "segundo tipo", sus ojos nunca habían llegado a registrar los aparatosos barcos, sino sólo la huella de su imperativa navegación.

Y hablando de navíos conquistadores invisibles, cuentan algunas biografías de Hernán Cortés que éste, después de haber incursionado en territorios Aztecas, para evitar una conspiración por parte de un grupo de españoles contrarios a sus políticas o imposibilitar cualquier temeroso intento de huída de sus tripulantes, mandó según unos a quemar las naves, según otros, a hundirlas. Lo cierto es que la acción estaba dirigida a tornar invisibles a esas potentes armazones que iconizaban a las fuerzas invasoras. Esos mismos íconos que en aquellas otras narraciones ya se habían invisibilizado frente a la mirada de los primeros nativos “indios” barbarizados, quienes no necesitaron ver para saber que por los mares venía deslizándose alguna otredad, alguna otra barbarie.

Soda Stereo - No Necesito Verte (Para Saberlo)

PD: Las imágenes de rosas en este posteo representan a personajes de la producción manga/anime Rozen Maiden

3 ago. 2009

Otros relatos flotantes Más de Zasha en Caledon Steam SkyCity. Esta vez se quedó escribiendo algunas historias que le contaron en Weary Ida's Place of Steamy Sunsets and Sunrises, una pequeña parada en Dreadnought Isle.

Música: I-Gaer - (Sigur Rós) + Bien - (Gustavo Cerati) - Tracks: Paracaídas - Todos duermen