11 feb. 2010

Disgresiones en el nombre del amor "Sabes que te voy a amar siempre".... Así, con esa promesa voz en off dirigida a un no preciso interlocutor, amado o amante supuesto por la propia frase flotando sin vuelta, así inician las primeras imágenes sonoras en la película + Bien y en la canción Paracaídas. Una de las piezas musicales que forma parte de la banda sonora del film, e integra además la lista de tracks en el CD +Bien de Gustavo Cerati. A la película no la ví, y tampoco me interesa traerla aquí más que por aquella frase de inicios. Pero a Paracaídas la escuché completa muchas veces y sucede que de todas maneras, las canciones tienen muchas veces ese poder de convertirnos en filmmakers. Y me quedé nomás con esa, con mi película, y con la frase flotante en metáfora acústica de sensación de vuelo en para-caídas.

Creo, siguiendo esta línea de vuelo, que esos enunciados que prometen amor por siempre, a veces, llegan a producir una especie de efectos residuales en estado de flotación. Recrean algo así como un escenario comunicacional amoroso en suspensión, en el que hasta los amantes (dícese de los que se aman) se transfiguran por momentos en puntos suspensivos. Es cuestión de segundos, pero las sensaciones no saben de tiempo, y en ese ambiente ralentizado, corrido, las palabras parecen como fugadas en diagonal a prometer más que amor a ese otro/a amado/a amante, a una sensación, a esa que, aunque seguramente diversa para cada uno/a, decidimos ponerle el rótulo común de amor. De todas maneras, aunque por esos recorridos oblicuos el mensaje se dirija a destinos que parecen bifurcarse, siento que por unas u otras vías es la punzada de Eros la que los motoriza. Esa que da pulso al deseo de lo diferente/otro y busca allá afuera un sitio por momentos localizable en los definidos territorios de un alguien preciso. Pero por otros momentos o quizás simultáneamente por ahí algo del deseo se filtra (porque siempre hay fisuras), y va por zonas de divague, nómade entre formas de contornos un poco más abiertos. Y ya no es tan fácil entonces el poder particularizarlas en ese sitio de precisión. El amor, quizás uno de los jugadores más reconocidos en los campos del deseo, enreda muchos de los pasajes hasta aquí, esos que se cuentan entre relatos de canciones y películas, en frases sueltas que circulan sueltas por ahí, en sensaciones de caídas y vuelos, y todo esto, por supuesto, junto a muchos ingredientes más que se nos escaparán y de los que nunca sabremos. Como ese secreto de la mágica receta de Coca Cola que hace de ella la bebida "vendida" como la más adictiva e irresistible.
El año pasado, por estos mismos días de Febrero, me tenté también con la complejamente grata tarea de escribir algunos apuntes sobre amores y enamorados, según se escriben e inscriben en unas tantas canciones de amor.
Una tradición de inscripciones y escritos que seguramente se remonta siglos atrás, a tiempos del medioevo, cuando los trovadores con sus poesías y música cantaban a sus amadas al borde de lo inaccesible, las palabras y los sonidos del amor cortés y el amor pagano, transitando zonas un poco al margen de ciertos cánones, dogmas y leyes. Unas prácticas amorosas "marginales" que, aún así, sirvieron a los propósitos de algún otro sistema de órdenes del poder social/político/económico/religioso que, se venía trayendo consigo ciertas renovaciones. Pero no me interesa seguir indagando esta línea de lectura. Así que continúo por otras posibles. Algo de esos amores corteses y paganos, reformateados sin dudas, siguieron mutantes hasta hoy, dando letra y guión a las personas y personajes que protagonizan esos particulares tejidos en los tantísimos relatos que se cuentan y cuentan del amor. Nos acerquemos un poco más en el tiempo, y de la Edad Media viajemos al Renacimiento, a los tiempos de Romeo y Julieta, del relato de amor por antonomasia. En él encontramos una variable de temas, móviles y motivos ente los que se cuentan: atracciones y prohibiciones, deseos impostergables más allá de cualquier obstáculo de orden social, distancias de separación territoriales y/o político/ideológicas, juegos entre formas de presencias/ausencias físicas y virtuales, miedos: avances y retrocesos, relaciones mediatizadas por las estrategias tecnológico/comunicativas de entonces: notas manuscritas, mensajes y mensajeros a caballo e interferencias por sus infaltables efectos de ruidos y malentendidos, y más. Éstos, entre otros ingredientes, configuran todo un remix que nos lleva a reconocer lo que hoy entendemos como un típico territorio discursivo amoroso. Un campo que hasta la actualidad re-configura cierto modelo de hacer práctico/narrativo de juego abierto a renovados jugadores del amor.
Para continuar un poco en la línea de enlace entre comunicaciones, virtualidades y amores viajemos todavía un poco más en el tiempo, hasta nuestra mentada era de las telecomunicaciones. Vayamos a una entrevista al filósofo epistemólogo Michel Serres, en la que se recorren ciertos juicios y prejuicios acerca de nuestras sociedades y sus prácticas atravesadas por esos modos comunicacionales a los que, las disponibilidades de la virtualidad digital en red, nos permiten acceder. Allí, no casualmente, Serres linkea algunos de aquellos conceptos de amor originados en y por algún período de la Edad Media, y algunos otros conceptos de virtualidad de amplio espectro:
"-Numerosos filósofos denuncian los peligros del desarrollo de lo virtual a través de Internet (...) Estigmatizan la pérdida de contacto con lo real y la alteración de las relaciones sociales. ¿Cuál es su reacción ante tales críticas?
-Tomemos el caso de Madame Bovary quien se aburre en Normandía mientras su marido está ocupado visitando pacientes en el campo. La mayor parte del tiempo ella hace el amor más en la imaginación que en la realidad. Es completamente virtual. Madame Bovary es la novela de lo virtual. Yo también estoy en lo virtual cuando leo Madame Bovary o cualquier otro libro. Entonces, si bien la palabra "virtual" fue creada por las nuevas tecnologías, nació con Aristóteles. La modernidad del término es sólo aparente. Todas las palabras latinas terminadas en "or" han dado lugar a palabras francesas terminadas en "eur": horreur (horror), honneur (honor) ¡Con excepción de una! ¿Cuál? La palabra amor. De Amor viene amour. ¿Por qué? Parece que fue inventada por los trovadores de lengua occitana cuando partían a las cruzadas. Se trataba entonces de cantar a las princesas lejanas. Es como si el amor hubiese sido inventado por y para lo virtual (...) Desde que somos hombres somos animales de lo virtual. Mientras estoy hablando, una parte de mis pensamientos se refiere a lo que debo hacer enseguida, otra parte a mis cursos de Stanford, otra se recuerda de mi último viaje a Suráfrica...Todas nuestras tecnologías son frecuentemente de lo virtual." Regresemos ahora nuevamente a Romeo y Julieta. Casi no dudo al pensar que si Shakespeare se diese a la tarea de escribirla hoy, no faltarían en sus relatos los encuentros y desencuentros de los amantes entre sms, mensajes en chat, algunos blogs que mantuviesen actualizadas las pasiones escritas en posteos de odas al amor, y/o unos que otros breves códigos de lenguajes subliminales tipeados en muros de Facebook o en homes de Twitter. Y luego, quizás, algún e-mail no llegado a destino, bloqueado por acción de algún anti-virus, por una accidental entrada a la bandeja de spam o una inoportuna caída del sistema. Posibles causales del futuro fatal desenlace para la tragedia amorosa.
Y para terminar por rumbos de los últimos párrafos en este posteo que, no es oda de amor pero sí un merodeo por algunas de sus enredadas rutas, no quiero dejar de dar otra vuelta por aquello del para-caídas y, esto de las caídas de sistemas. Es que recordé nuevamente aquel otro posteo que hace un año atrás se escribía por aquí, linkeando canciones de amor/es. Me detengo ahora y me detuve entonces en algunas indagaciones a propósito de una caída, esa que viene con la acción de enamorarse, en el mismo paquete que lleva el sello "falling in love". Y pasa que a simple y primer golpe de vista es más que probable que el recibir un paquete así no nos resulte muy agradable. Y más cuando a veces viene con refuerzo de sellado: "All inclusive." Aunque si continuamos y vamos por un segundo golpe de vista, y porque no de los otros sentidos también, siento que quizás lo desagradable de esas caídas puede resultar ser sólo una variable ajustada a los tantísimos probables e improbables modos de caer. Y por ahí caer en para-caídas resulte una experiencia de lo más atractiva. Tengo entendido que para muchos lo es. Pero esto de seguir sobre esas líneas acerca de los cómos de las caídas y de experimentaciones en para-caídas, ya serían temas para otros posteos.