25 may. 2009

Thanathopía

–Mi padre fue el célebre doctor John Leen, miembro de la Real Sociedad de Investigaciones Psíquicas, de Londres, y muy conocido en el mundo científico por sus estudios sobre el hipnotismo y su célebre Memoria sobre el Old. Ha muerto no hace mucho tiempo. Dios lo tenga en gloria.

(James Leen vació en su estómago gran parte de su cerveza y continuó):

–Os habéis reído de mí y de los que llamáis mis preocupaciones y ridiculeces. Os perdono, porque, francamente, no sospecháis ninguna de las cosas que no comprende nuestra filosofía en el cielo y en la tierra, como dice nuestro maravilloso William.

No sabéis que he sufrido mucho, que sufro mucho, aun las más amargas torturas, a causa de vuestras risas... Sí, os repito: no puedo dormir sin luz, no puedo soportar la soledad de una casa abandonada; tiemblo al ruido misterioso que en horas crepusculares brota de los boscajes en un camino; no me agrada ver revolar un mochuelo o un murciélago; no visito en ninguna ciudad adonde llego, los cementerios; me martirizan las conversaciones sobre asuntos macabros, y cuando las tengo, mis ojos aguardan para cerrarse, al amor del sueño, que la luz aparezca.

Tengo el horror de la que ¡oh Dios! tendré que nombrar: de la muerte. Jamás me harían permanecer en una casa donde hubiese un cadáver, así fuese el de mi más amado amigo. Mirad: esa palabra es la más fatídica de las que existen en cualquier idioma: cadáver... Os habéis reído, os reís de mí: sea. Pero permitidme que os diga la verdad de mi secreto. Yo he llegado a la República Argentina, prófugo, después de haber estado cinco años preso, secuestrado miserablemente por el doctor Leen, mi padre; el cual, si era un gran sabio, sospecho que era un gran bandido. Por orden suya fui llevado a la casa de salud; por orden suya, pues, temía quizás que algún día me revelase lo que él pretendía tener oculto... Lo que vais a saber, porque ya me es imposible resistir el silencio por más tiempo.

Os advierto que no estoy borracho. No he sido loco. Él ordenó mi secuestro, porque... Poned atención.

(Delgado, rubio, nervioso, agitado por un frecuente estremecimiento, levantaba su busto James Leen, en la mesa de cervecería en que, rodeado de amigos, nos decía esos conceptos. ¿Quién no le conoce en Buenos Aires?

No es un excéntrico en su vida cotidiana. De cuando en cuando suele tener esos raros arranques. Como profesor, es uno de los más estimables en uno de nuestros principales colegios, es uno de los mejores elementos jóvenes de los famosos cinderellas dance. Así prosiguió esa noche su extraña narración, que no nos atrevimos a calificar de fumisterie, dado el carácter de nuestro amigo. Dejamos al lector la apreciación de los hechos.)

–Desde muy joven perdí a mi madre, y fui enviado por orden paternal a un colegio de Oxford. Mi padre, que nunca se manifestó cariñoso para conmigo, me iba a visitar de Londres una vez al año al establecimiento de educación en donde yo crecía, solitario en mi espíritu, sin afectos, sin halagos.

Allí aprendí a ser triste. Físicamente era el retrato de mi madre, según me han dicho, y supongo que por esto el doctor procuraba mirarme lo menos que podía. No nos diré más sobre esto. Son ideas que me vienen. Excusad la manera de mi narración.

Cuando he tocado ese tópico me he sentido conmovido por una reconocida fuerza. Procurad comprenderme. Digo, pues, que vivía yo solitario en mi espíritu, aprendiendo tristeza en aquel colegio de muros negros, que veo aún en mi imaginación en noches de luna... ¡Oh, cómo aprendí entonces a ser triste! Veo aún, por una ventana de mi cuarto, bañados de una pálida y maleficiosa luz luna, los álamos, los cipreses... ¿por qué había cipreses en el colegio? ..., y a lo largo del parque, viejos Términos carcomidos, leprosos de tiempo, en donde solían posar las lechuzas que criaba el abominable septuagenario y encorvado rector... ¿para qué criaba lechuzas el rector? ...

Y oigo, en lo más silencioso de la noche, el vuelo de los animales nocturnos y los crujidos de las mesas y una media noche, os lo juro, una voz: «James». ¡Oh voz!

Al cumplir los veinte años se me anunció un día la visita de mi padre. Alegréme, a pesar de que instintivamente sentía repulsión por él; alegréme, porque necesitaba en aquellos momentos desahogarme con alguien, aunque fuese con él.

Llegó más amable que otras veces; y aunque no me miraba frente a frente, su voz sonaba grave, con cierta amabilidad para conmigo. Yo le manifesté que deseaba, por fin, volver a Londres, que había concluido mis estudios; que si permanecía más tiempo en aquella casa, me moriría de tristeza... Su voz resonó grave, con cierta amabilidad para conmigo:

–He pensado, cabalmente, James, llevarte hoy mismo. El rector me ha comunicado que no estás bien de salud, que padeces de insomnios, que comes poco. El exceso de estudios es malo, como todos los excesos. Además –quería decirte–, tengo otro motivo para llevarte a Londres. Mi edad necesitaba un apoyo y lo he buscado. Tienes una madrastra, a quien he de presentarte y que desea ardientemente conocerte. Hoy mismo vendrás, pues, conmigo.

¡Una madrastra! Y de pronto se me vino a la memoria mi dulce y blanca y rubia madrecita, que de niño me amó tanto, me mimó tanto, abandonada casi por mi padre, que se pasaba noches y días en su horrible laboratorio, mientras aquella pobre y delicada flor se consumía... ¡Una madrastra! Iría yo, pues, a soportar la tiranía de la nueva esposa del doctor Leen, quizá una espantable blue-stocking, o una cruel sabionda, o una bruja... Perdonad las palabras. A veces no sé ciertamente lo que digo, o quizá lo sé demasiado...

No contesté una sola palabra a mi padre, y, conforme con su disposición, tomamos el tren que nos condujo a nuestra mansión de Londres.

Desde que llegamos, desde que penetré por la gran puerta antigua, a la que seguía una escalera oscura que daba al piso principal, me sorprendí desagradablemente: no había en casa uno solo de los antiguos sirvientes.

Cuatro o cinco viejos enclenques, con grandes libreas flojas y negras, se inclinaban a nuestro paso, con genuflexiones tardas, mudos. Penetramos al gran salón. Todo estaba cambiado: los muebles de antes estaban substituidos por otros de un gusto seco y frío. Tan solamente quedaba en el fondo del salón un gran retrato de mi madre, obra de Dante Gabriel Rossetti, cubierto de un largo velo de crespón.

Mi padre me condujo a mis habitaciones, que no quedaban lejos de su laboratorio. Me dio las buenas tardes. Por una inexplicable cortesía, preguntéle por mi madrastra. Me contestó despaciosamente, recalcando las sílabas con una voz entre cariñosa y temerosa que entonces yo no comprendía.

–La verás luego... Que la has de ver es seguro... James, mi hijito James, adiós. Te digo que la verás luego...

Ángeles del Señor, ¿por qué no me llevasteis con vosotros? Y tú, madre, madrecita mía, my sweet Lily, ¿por qué no me llevaste contigo en aquellos instantes? Hubiera preferido ser tragado por un abismo o pulverizado por una roca, o reducido a ceniza por la llama de un relámpago... Fue esa misma noche, sí. Con una extraña fatiga de cuerpo y de espíritu, me había echado en el lecho, vestido con el mismo traje de viaje. Como en un ensueño, recuerdo haber oído acercarse a mi cuarto a uno de los viejos de la servidumbre, mascullando no sé qué palabras y mirándome vagamente con un par de ojillos estrábicos que me hacían el efecto de un mal sueño.

Luego vi que prendió una candelabro con tres velas de cera. Cuando desperté a eso de las nueve, las velas ardían en la habitación.

Lavéme. Mudéme. Luego sentí pasos: apareció mi padre. Por primera vez, ¡por primera vez!, vi sus ojos clavados en los míos. Unos indescriptibles ojos, os lo aseguro; unos ojos como no habéis visto jamás, ni veréis jamás: unos ojos con una retina casi roja, como ojos de conejo; unos ojos que os harían temblar por la manera especial con que miraban.

–Vamos, hijo mío, te espera tu madrastra. Está allá, en el salón. Vamos.

Allá, en un sillón de alto respaldo, como una silla de coro, estaba sentada una mujer.

Ella...

Y mi padre:

–¡Acércate, mi pequeño James, acércate!

Me acerqué maquinalmente. La mujer me tendía la mano... Oí entonces, como si viniese del gran retrato, del gran retrato envuelto en crespón, aquella voz del colegio de Oxford, pero muy triste, mucho más triste: «¡James!»

Tendí mi mano. El contacto de aquella mano me heló, me horrorizó. Sentí hielo en mis huesos. Aquella mano rígida, fría, fría... Y la mujer no me miraba. Balbucié un saludo, un cumplimiento.

Y mi padre:

–Esposa mía, aquí tienes a tu hijastro, nuestro muy amado James. Mírale; aquí le tienes; ya es tu hijo también.

Y mi madrastra me miró. Mis mandíbulas se afianzaron una contra otra. Me poseyó el espanto: aquellos ojos no tenían brillo alguno. Una idea comenzó, enloquecedora, horrible, horrible, a aparecer clara en mi cerebro. De pronto, un olor, olor... ese olor, ¡madre mía! ¡Dios mío! Ese olor... no os lo quiero decir... porque ya lo sabéis, y os protesto; lo discuto aún: me eriza los cabellos.

Y luego brotó de aquellos labios blancos, de aquella mujer pálida, pálida, pálida, una voz, una voz como si saliese de un cántaro gemebundo o de un subterráneo:

–James, nuestro querido James, hijito mío, acércate; quiero darte un beso en la frente, otro beso en los ojos, otro beso en la boca...

No pude más. Grité:

–¡Madre, socorro! ¡Ángeles de Dios, socorro! ¡Potestades celestes, todas, socorro! ¡Quiero partir de aquí pronto, pronto; que me saquen de aquí!

Oí la voz de mi padre:

–¡Cálmate, James! ¡Cálmate, hijo mío! Silencio, hijo mío.

–No –grité más alto, ya en lucha con los viejos de la servidumbre–. Yo saldré de aquí y diré a todo el mundo que el doctor Leen es un cruel asesino; que su mujer es un vampiro; ¡que está casado mi padre con una muerta!

Ruben Darío - Cuentos Fantásticos

It was Lilith the wife of Adam:

(Eden bower's in flower.)

Not a drop of her blood was human,

But she was made like a soft sweet woman.

Eden's Bower - Dante Gabriel Rossetti - Continúa aquí.....

18 may. 2009

Apuntes Orgánicos
Que el hacer de la escritura/lectura se configure como un organismo viviente (y muriente) es un decir que, a primera impresión, quizás sólo sería aceptado recorriendo el terreno de lo metafórico. Sin embargo, podría suceder también que, después de ciertos rodeos, sus sentidos rebasaran los límites operativos de la metáfora. Sistemas, articulaciones, circulaciones, relaciones entre lo macro y micro, ciclos productivos y reproductivos, regeneraciones, interrelaciones e interdefiniciones, letras, órganos y más que palabras. Paradas en una serie que dice sólo en tantísimos entrelazados de tanto, y en el único contexto invariable que es ese del tiempo. Pienso en lo que sucede cuando se superponen algunos lineamientos provenientes de variados campos como los de la genética, la lingüística, la semiótica, la cosmología, la física cuántica, tratando de encontrar la última unidad de vida, de sentido. ADN, quantum, nanopartículas, protones, electrones, sememas, fonemas, uno y más signos. Microinformaciones estallando hacia lo macro en múltples Big Bang

El viaje tras la huella del sentido último de los sentidos, de esos que indefectiblemente se corren, y en sus pasajes intersectan una y otra vez, organismos, letras y códigos. Cryptografía Cuantica: "El mundo funciona con muchos secretos, materiales altamente confidenciales. Entidades como gobiernos, empresas e individuos no sabrían funcionar sin estos secretos altamente protegidos. Nicolás Gisin de la Universidad de Génova dirige un movimiento tecnológico que podrá fortalecer la seguridad de comunicaciones electrónicas. La herramienta de Gisin (quantum cryptography), depende de la física cuántica aplicada a dimensiones atómicas y puede transmitir información de tal forma que cualquier intento de descifrar o escuchar será detectado. Esto es especialmente relevante en un mundo donde cada vez más se utiliza el Internet para gestionar temas. Según Gisin "comercio electrónico y gobierno electrónico solo serán posibles si la comunicación cuántica existe" En otras palabras, el futuro tecnológico depende en gran medida de la ciencia de los secretos"

En unos párrafos introductorios a Signos, de Thomas A. Sebeok, encuentro descriptas más de algunas de estas superposiciones: "Sebeok ha transformado la semiótica en una ciencia de la vida, al haberla devuelto a sus raíces de la biología médica. En otras palabras, ha arrancado la semiótica del terreno filosófico, lingüístico y hermenéutico en el que ha sido cultivada durante siglos y la ha trasladado al dominio de la biología, de donde procedía originalmente . La aproximación biológica de Sebeok es inherente a una perspectiva que pretende investigar cómo todos los animales están dotados genéticamente de la capacidad de utilizar las señales y los signos para sobrevivir, y cómo la semiosis humana es al mismo tiempo similar y diferente de esta capacidad."

De otras "organicidades" y otros modos de ser y hacer relaciones entre tantos cuerpos, hablaba también Franz Kafka en carta a Max Brod, allá por 1910: "Mi cuerpo entero me advierte ante cada palabra, cada palabra, antes de que permita que yo la escriba, mira primero en torno suyo. Las frases se me parten prácticamente, veo su interior y entonces tengo que acabar enseguida." Siguiendo ciertos atajos, cuando la escritura se forma e informa ideogramáticamente, pareciera ser que muchas de estas cuestiones de letras orgánicas se hacen aún más perceptibles, más sensoriales.

En apuntes sinologicos algunos trazos recorren las interconexiones enredadas en la caligrafía de los tantos ideogramas chinos: "(...) el arte, el mito, la filosofía y la mística son modos de conocimiento en los que se revela el Espíritu (Shen). Todos ellos son modos de lenguaje que se reflejan en el lenguaje hablado y el escrito, y es en el terreno de la escritura que la civilización china realiza un arte donde lo relativo y lo trascendente conviven en una Unidad, se trata de la Caligrafía.

La escritura china difiere de las occidentales en el sentido que un ideograma al ser escrito puede tomar una gama extensa de significados. Cada ideograma se basa en algunos de los 224 radicales, y cada uno de éstos tiene una significación básica, pero también poseen cierta "extensibilidad". Así, un ideograma puede ser verbo, adverbio, adjetivo o poseer una cierta variedad funcional, y es esa misma plasticidad la que lo convierte en símbolo. Un símbolo se presenta como centro de un conjunto, donde existen una variable de aspectos que parecieran ser rígidamente delineados. Cuando la caligrafía, de su esfera intelectual (gramatical) pasa a la esfera estética, allí el lenguaje comienza su retorno al interior para convertirse en el ser indiviso que Lao llama no-ser (Wu). El significado conceptual que es el contenido "superficial" de un ideograma tiene una función similar al de la "personalidad humana". Cuando ese significado, que señala lo superficial o formal de la vida se diluye, emerge un sentido oculto que es lo "extensible", es la base o espíritu del que nace el lenguaje. Así, en el sentido intencional del ideograma reposa lo intelectual y lo utilitario. En lo espontáneo se halla l aunidad secreta, de la que no sólo brota la vida, sino también todas las variedades de los idiomas humanos. El primer sentido (intencional) sirve para todos los fines utilitarios y pequeños. Pero en un segudno sentido, lo pequeño y lo útilo se integran espontáneamente con su origen verdadero o misterioso (hsuan-ming), y la caligrafía se transforma en una visión directa donde el arte, la filosofía, el mito y la mística conforman la sabiduría intuitiva de la vida."

Desviándonos un poco, aunque por rutas muy cercanas, podríamos ir por más "letras vivas" en Mushishi. Se trata de una producción manga/anime, luego transpuesta al lenguaje cinematográfico. Allí, los mushis son seres que no encajan específicamente en ningún tipo de especie orgánica reconocida. Éstos se presentan en diversas formas y representan algo así como organismos de vida en su nivel de evolución más básico. Mushishi es el nombre que se le otorga a quien se dedica a ir tras los rastros de los mushis y sus extrañas apariciones, ya que generalmente no son perceptibles a nuestros sentidos. En ocasiones, cuando sí lo son, se relacionan con los seres humanos de diversos modos, y con frecuencia, en contextos de acontecimientos sobrenaturales o raras enfermedades. Al hilo conductor lo desenrrolla un mushishi llamado Ginko, quien en sucesivos episodios sigue la pista de estos singulares casos de encuentros entre diferentes universos orgánicos. En el primer capítulo, de la primera temporada, Ginko siguiendo pistas de mushis llega al encuentro de Yoroi Shinra-Kun. Un niño que algo de ellos conoce (aunque no conscientemente). Los dibuja en una mezcla de diseños orgánicos e ideogramáticos que adquieren vida y saltan de la bidimensionalidad del papel a la tridimensión del espacio real.
"Yoroi: - Precisamente estaba escribiendo una carta de renuncia. Hace mucho recibí varias ofertas para investigar. Pero las rechacé todas. Fue la última voluntad de mi abuela...No quería que mi habilidad se hiciese pública, y así pasar desapercibido lo más posible. Como acabas de ver, cada vez que dibujo la silueta de algo, aunque sea un ser inexistente, ésta cobra vida (...) ¿Le echarías un vistazo? Ginko: - ¿Son dibujos tuyos? Yoroi: - Sí. A veces cuando estoy pensando en las musarañas, cosas como estas salen de la nada. Siempre me he preguntado qué serían. Me entretenía mirándolas y haciendo bocetos de ellas para enseñárselas a mi abuela (...) Hubo veces en las que pensé que realmente pasaba algo raro. La abuelita y yo nunca lo vimos de la misma manera en ese aspecto. Ginko: - Eso es porque son Mushi"

No muy lejos de estos particulares relatos, y porque todo lo que nace muere, unas tramas se escriben con palabras que matan.

Death Note, otra producción manga/anime y película, protagonizadas por un estudiante japonés de nombre Light Yagami, quien azarosamente se encuentra con un cuaderno de páginas provocadoras de fatídicos efectos sobrenaturales. Todo aquel apunte que Light Yagami escriba en "Death Note" nombrando a una persona de rostro conocido, traerá como infalible consecuencia la muerte de ese que su letra cite. Haciendo uso de esta singular arma mortal, Light Yagami decide hacer justicia por mano propia escribiendo en su cuaderno una larga lista de "criminales".

Y de aquellos apuntes regreso nuevamente a éstos que comencé por aquí. Después de seguir unos entre otros de estos trazados, quizás algo quede flotando. Ciertos apuntes orgánicos nombran sitios corridos un poco más allá de alguna metáfora.

12 may. 2009

Per-versas

"No soy mala, es que me dibujaron así" Jessica Rabbit

Perversa - Del latín perversus - Sumamente malo/a que causa daño intencionalmente // Que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas.
"En términos psicoanalíticos, que usualmente tienen un referente sexual, "la perversión en la mujer no existe", y solo se presentan en ella "rasgos perversos", como pretende explicar Lacan en "Ideas para un congreso en sexualidad femenina", donde dice que "muchos de los casos de perversión femenina descritos en la literatura analítica están en función del fantasma masculino". Por otra parte, clínicamente hablando, sólo son considerados estrictamente perversos aquellos seres que llegan a la algolagnia (algos: dolor; lagneia: placer), es decir, aquellos que sienten placer produciendo dolor en carne propia o ajena (...)
Los populares relatos de mujeres consideradas perversas a lo largo de la historia guardan profundas semejanzas con figuras femeninas de una antigüedad remota, diosas de la noche, reinas, cortesanas y hechiceras cuya existencia, en algunos casos, es dudosa y cuya leyenda, en otros, ha opacadao casi por completo al personaje histórico que alguna vez fueron (...) Tanto en la Biblia como en la literatura clásica, la imagen o el recuerdo de ciertas mujeres de épocas remotas han permitido entrever una continuidad de actitudes femeninas: insolentes, provocadoras, manipuladoras y crueles. Por ello, las mujeres han sido acusadas de traer el mal al mundo, de impedirles al hombre ser él mismo, de obstaculizar su espiritualidad y de interponerse en el camino de su salvación. Es una constante que cuando, las diversas culturas han buscado un culpable por la pérdida del paraíso o el mundo ideal, se ha encontrado a la mujer (...)
Es el imaginario de la mujer que pervive en las páginas de la historia antigua. Dicho imaginario se prolonga en la literatura medieval, pero ni siquiera esta literatura logra superar la fuerza de las figuras femeninas que aparecen tanto en los relatos bíblicos como en la linteratura clásica e, incluso, en tradiciones anteriores. Las mujeres precristianas están, particularmente, cubiertas por el velo encantado de la leyenda y el mito, y gracias a ese velo pueden reflejar las características de lo femenino en su máxima expresión. Esas mujeres serán engendradoras, portadoras de vida, pero también anunciarán la muerte como sacerdotisas de la noche.
El impacto de sus historias ha sido indeleble. El prestigio de los íconos femeninos es, en muchas ocasiones, el prestigio de la perversidad. Estos íconos van más allá de la maldad llana de las brujas de los cuentos de hadas. Algunas de esas mujeres, como Lilith, Semíramis, Circe, Dalila y Cleopatra, delinearon la imagen de la femme fatale que ha llegado hasta nuestros tiempos. Otras, como Medea y Clitemnestra, por el horror que suscitan ante sus venganzas despiadadas y el hacer justicia por su cuenta, prefiguran las modernas mafiosas, asesinas en serie, abusadoras del poder de nuestros días. Todas estas mujeres han ganado la batalla contra el tiempo y parecieran haber reencarnado en féminas posteriores, como si acecharan desde la frontera de la muerte esperando el momento justo para destruir la vida apacible de los hombres.
Ya en la Odisea, Agamenón advierte a Ulises claramente:
Por eso ya nunca seas ingenuo con una mujer, ni le reveles todas tus intenciones, las que tú te sepas bien, más dile una cosa y que la otra permanezca oculta. (...) Te voy a decir otra cosa que has de poner en tu pecho: dirige la nave a tu tierra patria a ocultas y no abiertamente, pues ya no puede haber fe en las mujeres."
Allí, entre algunas de las perversas, encabezando la lista:
Lilith Madre de las vampiresas
"Lilith es el nombre semítico de la bella y licenciosa prostituta sin marido que seduce a los hombres en los caminos y en los campos"
Stephen Langdon, Tammuz and Isthar

"Perdida en el tiempo de las primeras civilizaciones asirio babilónicas, la de Lilith es una leyenda que pasó a la historia a través de algunos intérpretes de la demonología hebrea. Sus características de belleza y temperamento se funden con las de deidades mesopotámicas de tiempos remotos, como la diosa Isthar, conocida también como Astarté, e incluso como Hathor en Egipto.

Lilith fue, según ciertos exégetas antiguos de algunos pasajes del Génesis, la primera mujer de Adán hecha de barro como él y, por lo tanto, con los mismos derechos de él. Pero ya entonces era una mujer no sólo hermosa, sino siniestra. Se la representa con una larga cabellera rojiza y almendrados ojos verdes, y se le atribuye un mal temperamento, altivo y caprichoso. En su cuerpo se encarnan todos los vicios. Ella representa ese tipo de mujer que terminará demonizando el cristianismo: Fausto. - ¿Quién es esa?

Mefistófeles.- Mírala bien. Es Lilith

Fausto.- ¿Quién?

Mefistófeles.- La primera mujer de Adán. Guárdate de su hermosa cabellera, la única gala que luce. Cuando con ella atrapa a un joven no le suelta fácilmente.

Lilith se negó a obedecer a Adán, llegando al punto de no querer tener relaciones sexuales, salvo que fueran tal y como ella deseaba: ella sobre él y no a la inversa. Adán, por su parte, no se encontraba a gusto con esa situación; constantemente se quejaba y renegaba, diciendo que hubiese preferido un ser más dócil por esposa. Consternada por los lamentos de Adán, la Divinidad envió a unos ángeles para que conversara con Lilith y la convencieran de ceder en sus pretensiones, pero ella no quiso llegar a ningún acuerdo. Cansados de razonar y de no encontrar una respuesta positiva por parte de ese indómito ser, los ángeles le adviritieron que ella debía cumplir las órdenes del Creador. Indignada, Lilith se rehusó y, pronunciando el nombre divino en vano, lo cual es un sacrilegio, enfatizó que no deseaba someterse a ningún hombre. Ante tan altivas palabras la tierra se estremeció y, abriéndose, se la tragó. Pero como en ese momento la muerte no había llegado al mundo todavía, en el fondo de las profundidades terrestres Lilith engendró -según algunos ella sola, según otros con el demonio Samael- uno hijos, llamados los unos íncubos, demonios lascivos que adoptan una forma masculina para seducir, y otros súcubos, demonios que inspiraban ardientes pasiones en forma de mujer. Sin embargo, Lilith no sólo era lujuriosa; también odiaba a los recién nacidos y, por eso, se la culpaba de la muerte de éstos. "Iba (Lilith) a dar el sueño de la Muerte, robar luego a un niño recién nacido, beber su sangre, sorber la médula de sus huesos y comer su carne." Esta mujer con atributos de diosa representa el aspecto femenino maligno desde el inicio de los tiempos. Artísticamente se la ha representado muchas veces con cola de serpiente, por lo que su imagen se ha llegado a confundir con la serpiente del Jardín del Edén. Este paralelo con la serpiente pone en evidencia su aspecto maléfico. La relación entre la mujer y el mal será representada constantemente en la literatura y las artes visuales a través de ese animal. Lilith vuelve a la tierra en las noches, subrepticiamente, para aparecerse en los plácidos sueños de los hombres y ocasionarles profundos, inquietantes y, por lo general, adúlteros deseos sexuales. A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de ver donde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio. Te harás una idea de lo mucho que recibe: por eso está siempre preñada y no hace más que parir." Primo Levi en "Lilith y otros relatos"