17 oct. 2009

De coherencias y Decoherencias
Arte, locura....y ciencia

Arte y locura, terreno doblemente resbaladizo o mejor multiplicadamente desviado. Sitios visitados y revisitados infinidad de veces y por tantos. Juntos y/o separdos. Da igual. Quizás hoy más que nunca, y en ciertos sentidos, arte y locura en sus trayectos y por tramos se intersectan. Y es que, ¿no entramos acaso en un estado de perplejidad similar cuando nos cuestionamos acerca de nuestros modos de construir, sistematizar y nombrar al arte y a la locura?
Unos días atrás, alguien me hacía una consulta sobre una de las pinturas de gatos publicadas entre las primeras imágenes gráficas en la columna lateral de este blog. "Gato cósmico" y "Gato con vacíos" pertenecen a la serie "Zoología Fantástica", realizada por Luis, un artista psicótico que integraba el Taller de arte inaugurado, años atrás, en el Hospital Borda.




Un intento de respuesta a aquella consulta me llevó revisar unas entre otras páginas del libro de donde las extraje, "Arte y locura" por M. Cristina Melgar, Eugenio López de Gomara y Roberto Doria Media Eguía, quienes en su Introducción a-notan: "Foucault escribió que, cuando la ciencia comenzó su "largo monólogo con la razón acerca de la locura", se dejó de oír la voz de la locura. Razón y locura se contradicen. No obstante, las artes, las ciencias y lastecnologías suelen revelar que las distancias son menos largas y las barreras más flexibles. ¿Acaso Goya no llamó al grabado que debía encabezar sus caprichos"Los sueños de la razón producen monstruos"? La sinrazón de la razón y la verdad de la locura no se le escaparon al hombre en ninguna época de su historia."
Pero volvamos ahora a revisar aquello de que sólo en ciertos sentidos arte y locura se cruzan. Si bien ambos se procuran transitar sitios de desvíos, de otros órdenes o registros de realidad/es; las rutas del arte conducen siempre a una estética comunicable y traslativa (de modos no estables ni convencionales), mientras las diversas formas de locura patológica no logran desatar sus "otros mundos" del nudo inmóvil de lo irrepresentable. Es allí donde el arte puede representar una alternativa terapéutica para aquellas patologías,tendiendo un puente sobre esa brecha comunicativa. Una distancia que ciertamente hoy, quizás se perciba como más notable.

Esto si tenemos en cuenta que para una diversa producción artística (Web mediante), uno de los pactos fundacionales se configura en y a través de las prácticas del compartir, del (to share) , de los juegos de la comunicación, la circulación, la interactividad y la interconectividad. De la traslación telemática, la interconexión de nuevos mundos interrelacionados y la "re-creación" de universos de sentidos comunicantes de diversos modos.
La cuestión estaría entonces en el cómo, a partir de dónde se configuran y codifican esas realidades otras, y no tan sólo ya las surgidas de los espacios del arte o la locura. Si vamos por un momento a los territorios que producen uno de los mayoresefectos de objetivación, a esos de la ciencia, veremos como entre algunas de sus provincias, la de la Física Cuántica viene provocando, hace un tiempo ya, ciertos temblores en los suelos de la estabilidad. A partir de sus apuestas y supuestos teórico/práctico/imaginarios, las conjugaciones de posibles e improbables interacciones sujeto/objeto/entorno/mecanismos deobservación, perfilan las más diversas variables de realidad, escapadas de calquier intento de establecer índices estadísticos imperturbables. Navegando entre principios como el de incertidumbre/indeterminación, referido a la disposición no precisa en el espacio/tiempo de los elementos subatómicos, o el de Complementariedad, acerca del comportamiento dual de aquellos elementos, ya sea que se perciban en forma de onda y/o partícula; y desprendida de esos recorridos, la posibilidad de "imaginar" configuraciones de "universos paralelos", me encuentro con un ensayo titulado "Borges, Teoría cuántica y universos paralelos". En él, Oscar A. Marco Rodríguez apunta éste entre otros párrafos: "La teoría cuántica, aunque extraña y a veces reñida con el sentido común, es la más exitosa y abarcativa de todos los razonamientos de la ciencia física y en y por ella se postula que es posible que no exista una sola "realidad"; pueden existir potencialmente infinitas "realidades" e identidades, tantas como elementos -ora objetos/sujetos, ora sujetos/objetos- que interaccionan (...) en"El jardín de los senderos que se bifurcan", Borges ya en 1941, a través de sus personajes, nos habla de sus sospechas sobre la potencial multiplicidad de la "realidad": "...En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta -simultáneamente, por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones en la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren..."(Capítulo IV - Desarrollo de la teoría del "Todo" y la metáfora del"Sintonizador") Y ya que vamos por estos recorridos de simultaneidades podríamos volver sobre otras realidades que, como las de Luis, el artista psicótico de principios de estos escritos, traen consigo imaginarios felinos. Sí, porque según los pre-supuestos cuánticos de la paradoja del Gato de Schödinger, este singular felino, puesto en una particular situación experimental, podría encontarse simultáneamente vivo y muerto:
"El experimento mental consise en imaginar a un gato metido dentro de una caja que también contiene un curioso y peligroso dispositivo. Este dispositivo está formado por una ampolla de vidrio que contiene un veneno muy volátil y por un martillo sujeto sobre la ampolla, de forma que si cae sobre ella la rompe y se escapa el veneno, con lo que el gato moriría. El martillo está conectado a un mecanismo detector de partículas alfa; si llega una partícula alfa el martillo cae rompiendo la ampolla con lo que el gato muere, por el contrario, si no llega no ocurre nada y el gato continúa vivo. Cuando todo el dispositivo está preparado, se realiza el experimento. Al lado del detector se sitúa un átomo radiactivo con unas determinadas características: tiene un 50% de probabilidades de emitir una partícula alfa en una hora. Evidentemente, al cabo de una hora habrá ocurrido uno de los dos sucesos posibles: el átomo ha emitido una partícula alfa o no la ha emitido (la probabilidad de que ocurra una cosa o la otra es la misma). Como resultado de la interacción, en el interior de la caja, el gato está vivo o está muerto.
Pero no podemos saberlo si no la abrimos para comprobarlo. Si lo que ocurre en el interior de la caja lo intentamos describir aplicando las leyes de la mecánica cuántica, llegamos a una conclusión muy extaña. El gato vendrá descrito por una función de onda extremadamente compleja resultado de la superposición de dos estados combinados al cincuenta por ciento: "gato vivo" y "gato muerto". Es decir, aplicando el formalismo cuántico, el gato estaría a la vez vivo y muerto; se trataría de dos estados indistinguibles."
Se trata de otras coherencias, las múltiples variables definidas por la interacción con el entorno y la acción "creadora de realidad" del observador, pareciera ser que acotarían el abanico de probabilidades. Resulta que ese universo macro al que están acostumbradas nuestras formas de percepción más cotidianas estaría sumamente en-red-ado. Para la observación "científica cuántica", un objeto macro, en este caso un gato, se presenta como una realidad "interferida", imposible de observar si no es en íntima interrelación con su medio y su observador. No ocurre lo mismo con elementos micro, subatómicos, los cuales a su nivel de "realidad", pueden ser aislados y observados en situaciones de diversos comportamientos simultáneos.
Para dar explicación a lo que ocurre en esos diferenciales "niveles de realidades" (micro-macro), en los que las superposiciones se multiplican o reducen drásticamente, la mecánica cuántica echó mano a los lineamientos trazados por la decoherencia, basada en la falta de coherencia de los estados cuánticos:
"Para cada observación hay que hablar de tres subistemas implicados: el objeto (átomo, gato), el aparato de medida (que permite localizar el objeto) y el entorno (o escenario) donde se desenvuelve el proceso. La interacción de los sistemas macroscópicos con su entorno es lo que diluye la superposición de estados cuánticos, según los modelos de decoherencia."
Retornando una vez más al Gato Cósmico de Luis, me pregunto si en esa imagen felina, puente comunicante "locura-arte", esos movimientos dibujando ondas expansivas y multiplicadas no estarán buscando, de algún modo, sintonizar similares frecuencias, ensayando conexiones entre (otras) coherencias y decoherencias.

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