18 nov. 2011

Conectar Animal




Durante un tiempo estuve ensayando otros ensayos, a ese ritmo tan particular que late lo no dicho a punto de decirse, en ese estado de inminencia.




No sé bien cómo, entre roces y anudamientos, por ahí agarrada de ciertos bordes deshilachados llegué a armar, en retazos, unos párrafos en frases  desarticuladas acerca de mis formas de conectar animal.




Y pensé luego en mis variadas convivencias, en sucesivas circunstancias y lugares, con diversos individuos de la adorable especie felino/gatuna. 




Y se me ocurre ahora, mientras escribo, que los gatos, los hilos de retazos deshilachados, ciertas formas de silencio y de palabras pueden llegar a combinar muy bien entre sí. Al menos eso sentí en algún momento, leyendo unos párrafos de Agamben en su Idea del Lenguaje: "Mientras el carácter marca el rostro con palabras no proferidas y con intenciones no truncadas mientras la cara del animal parece siempre estar a punto de decir algo, la belleza humana abre el semblante al silencio (...) mientras que la naturaleza y los naimales están siempre cogidos en una lengua y, aún callando, incesantemente hablan y responden con signos, sólo el hombre es capaz de interrumpir, en la palabra, la infinita lengua de la naturaleza y de situarse por un instante frente a las cosas mudas".




Y no sé por qué, en ese párrafo leí animales como gatos. Será porque me gustan sus dialectos. Y quizás también, porque recordé una conversación en la cual, entre idas y vueltas las palabras terminaron rondando cuestiones gatunas. 




Alguien me confesaba que, salvo muy contadas casos, los gatos en general, no lograban despertarle demasiados sentimientos de agrado. Pero, siguiendo el hilo de la salvedad, me contó también lo de la excepción, la del gato de una amiga suya, uno con el que sí conseguía establecer conexiones generadoras de altas dosis de simpatía. Y es que al parecer aquel gato, a diferencia de la mayoría de sus congéneres, sí respondía al llamado humano de su nombre (o de su nombre humano) Entonces pensé en ese gato particular, en ese que siempre viene cuando lo llaman, y me imaginé algo así como un gato/perro. Y sin dejar de festejar aquella otra actitud típicamente gatuna de regular las respuestas, vaya a saber a qué estímulo externo, no necesariamente coincidente al reflejo de voluntad y solicitud humana, la idea de gato/perro me resultó atractiva en cierto sentido. Será porque también leí unas frases que alguna vez Severo Sarduy lúcidamente escribió para sus Instrumentos de corte: "La metamorfosis de las palabras afectan a las cosas que ellas designan. Para dar un ejemplo sencillo: Un perro que ronronea es más interesante que cualquier gato; a no ser que se trate de un gato que ladre, claro".




Me quedé entonces colgada de este otro hilo de retazo deshilachado. Me pregunté por qué será que tanto buscamos encontrarnos (o desencontrarnos) en nuestros modos de establecer vínculos y filiaciones temperamentales con perros o gatos. Y me pregunto por qué con ellos y no con otros, de otras especies de familias de animales como pececitos, hámsters o lagartos.



Pero bueno, a esta otra punta de ovillo la dejo suelta ahí, al menos por ahora. Quizás así, algún gato la encuentre y ensaye otros juegos con ella. 




1 comentario:

  1. Hola..soy Fabian ..soy del grupo Formantis y nos filmaste hace unos años....2...siento una gran resonancia al leerte y al ver tus fotos...playas, soledades, felinos, noches.....quisiera contactarme con vos...mi mail es fvkesler@gmail.com...y drkesler mi canal de youtube...un beso

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