9 jun. 2008

ARTE

¿“Contemporáneo” “Posmoderno” o “Poshistórico”?

Después de visitar la reciente Feria de Arte Contemporáneo de Bs As, arteBA 2008, me fui pensando en dos cuestiones, a las que me voy a referir a continuación. Una de ellas: la sensación más fuerte que me llevé de aquella visita es que, cada vez con más énfasis se evidencia la impronta de “Feria” que posee arteBA, demasiado explícita la exposición de arte como mercancía, sin atender demasiado la especificidad del tipo de mercancía se está vendiendo. Me parece que es necesario respetar las características propias del “producto a vender”. No es el mismo dispositivo de venta al que se recurre, a la hora de vender latas de tomate en un supermercado o vender arte en este tipo de eventos, y en ciertos casos, al pasar por algunos stands sentí que pasaba frente a una góndola que exhibía unos al lado de otros, amontonados, objetos en serie, comestibles/consumibles, iluminados por una luz homogénea, que imposibilita la generación de "microclimas". La exposición de cada objeto o práctica artística, para la venta o no, requiere de cierto espacio físico privado y particular para cada uno de ellos, libres de contaminación visual de otros objetos, señalizaciones, etc; que no forman parte del "texto artístico". Ese espacio da lugar a una mejor participación activa por parte del espectador, para dialogar con dicha producción. Este fue uno de los parámetros que según mi observación no fue respetado en gran parte de los espacios exhibidores de arte. Eso si, los espacios que representaban a las marcas ocupaban lugares de privilegio, mostraban un cuidadoso orden, diseño y "espacialidad", que competían visualmente, de modo notable, con varios de los stands de galerías y espacios de arte.

Stand Chandon - A propósito de éste; en el Suplemento "Ñ" Sábado 07/06/08, sección Galeria, Patricia Kolesnicov publicó una nota titulada "Punk is dead, pero bien dead" que hace referencia a la presentación en arteBA de Malcom McLaren, uno de los propiciadores del "Punk", invitación auspiciada por Chandon (evento VIP + Punk - contradictorio no?) interesante nota, para tener en cuenta...

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Pero no voy a seguir deteniéndome en este aspecto que retomaré seguramente en otra entrada, ya que implica un análisis mucho más complejo que va más allá de mi modesta percepción y opinión personal. La segunda cuestión, y refiriéndome ahora al concepto de “Contemporáneo” es la de elaborar más detalladamente algunas conclusiones sobre los modos de denominar las producciones artísticas que se están elaborando en la actualidad. Para ello, me voy a basar en algunos de los temas referidos a esta problemática, abordados por Arthur Danto en su libro “Después del fin del arte - el arte contemporáneo y el linde de la historia”. Dicho texto, ya en su título anticipa algunas cuestiones sobre cómo definir al arte actual, para de algún modo enmarcarlo en un concepto, a partir del cual puedan desarrollarse futuras teorizaciones. Danto presenta, entre otros temas, el del rol decisivo de la crítica y de la historia en la configuración de las representaciones sociales del arte y de artista, que en sucesivos momentos históricos, diversas sociedades fueron elaborando. Otros de los temas nucleares que desarrolla dicho texto son, el de las fronteras temporales que establece el discurso histórico para la periodización del arte, y el de los límites que marcan el espacio conceptual que define lo que puede ser considerado arte, y lo que no. De alguna manera, el análisis que hace Danto respecto al arte contemporáneo se basa en que cualquier estudio de un texto o producto artístico implica ubicar al mismo en un sistema de relaciones con su contexto temporo-espacial y social. Lo determinante sería entonces la circulación del mismo, instancia intermedia que articula la de producción (origen) y la de interpretación (destino). Para elaborar una periodización del arte, A. Danto construye una secuencia de segmentos temporales, en los que ubica obras que comparten rasgos pertinentes, que las define como “Renacentistas”, “Románticas”, “Contemporáneas”, etc. El marco o contexto en común que las agrupa en un determinado período histórico es el de un mismo sistema narrativo. Lo que señala el fin de una etapa es la culminación de una narrativa maestra, o sea la muerte de un sistema textual que determina hábitos productivos y de definición. El anclaje de Danto se sitúa en el concepto de narrativa, como sistema de relaciones intertextuales. La vida social es no textual, la misma produce textos, éstos representan la materialización de las prácticas sociales. En consecuencia, la observación de Danto se dirige a la relación entre textos que por sí mismos “dicen” algo sobre las sociedades que los elaboran. Danto comienza a periodizar las producciones y prácticas artísticas a partir del S XV "Renacimiento", ya que según su criterio, el concepto de arte por el arte, producido por actores sociales llamados “artistas”, empezaría a desarrollarse recién en aquellos tiempos. Este autor toma como punto de partida el momento en que el arte comienza a definirse como tal, a mostrar cierta autonomía, y a teorizar sobre sí mismo, características que se revelan en la aparición del primer texto escrito sobre Historia del Arte, “La vida de los mejores pintores, arquitectos y escultores italianos” (1550), cuyo autor fue el artista Giorgio Vasari. El primer período sería entonces, el correspondiente a la primera narrativa llamada “Mimética”, que abarcaría el tiempo comprendido entre el S XV y fines del S XIX.

Rafael de Sanzio - "Dama del unicornio" - 1505 -

La operatoria que funciona en esta narrativa es la de la mímesis, la cual organiza la práctica artística en torno a la semejanza de la representación con el mundo percibido/representado. La representación del espacio desarrollando una perspectiva central, el punto de vista ubicado a la altura del ojo del observador, el uso del color “local”, enfatizan este interés por hacer del cuadro una ventana al mundo, un doble de la realidad percibida. El segundo período o segunda narrativa, es la denominada “Moderna”, y cronológicamente comenzaría a partir de las últimas décadas del S XIX, momento correspondiente a los inicios del posimpresionismo, específicamente con la obra de Van Gogh y Gauguin, en sus obras la pintura deja de ser una ventana transparente al mundo, las huellas de la pintura se dejan ver, la “representación” como signo ficcionl del mundo se pone en evidencia.

V. Van Gogh - "Habitación" - 1889 -

El fin de la narrativa modernista, estaría situado a mediados de la década del 60’, más exactamente en 1964 cuando A Warhol realiza y exhibe por primera sus famosas “Brillo Box”, reproducciones exactas de los envases originales de una reconocida marca norteamericana de estropajos.

Andy Warhol - "Brillo Box" - 1964

Danto ve allí un punto de inflexión en lo que hace a las prácticas artísticas, que no tan solo marca el fin de la narrativa modernista sino el “fin de la historia del arte”. En el caso del desarrollo de esta última narrativa maestra, la operatoria que funciona como central es la de la autorreferencialidad, la mímesis no dejará de existir, pero sólo será una posibilidad entre otras. Cuando A Danto se refiere a lo autorreferencial hace alusión a que ahora el interés de la pintura se vuelca hacia si misma, no le interesa el relevo del mundo exterior, sino que se configura a sí misma como un mundo autónomo que elabora sus propias leyes. La realidad sobre la que trabaja el artista se encuentra no en la naturaleza, sino dentro de los márgenes del campo gráfico. El arte en su afán de definirse a sí mismo a través de sus obras y manifiestos, de ir tras la búsqueda de sus propios límites, transita por una rápida sucesión de “ismos”, las vanguardias artísticas elaboran grandes mandatos acerca del “deber ser del arte”, dicho camino llega a su instancia culminante con surgimiento del arte conceptual, durante la década del 60’, cuando algunas de sus más rígidas vertientes evidencia un grado casi absoluto de desmaterialización de la obra de arte. Una vez culminada la narrativa modernista, Danto declara también el fin de la historia del arte, y la entrada a la llamada “Era Poshistórica”. No tan sólo acontece entonces el fin de una narrativa, sino el de las narrativas maestras. Esto significa que dicha era no elabora un mandato preponderante acerca de lo que el arte “debe ser”. No existe por consiguiente, en esta etapa, un determinado sistema intertextual hegemónico, lo que se observa es la convivencia de una heterogeneidad de prácticas y objetos artísticos, de modos productivos, relacionales y receptivos de los mismos, con características novedosas o retomadas del pasado. En el término Posmoderno, el “pos” también aparece, y de alguna manera habla de la superación de lo moderno pero a la vez de la pervivencia de algo del mismo. Danto prefiere denominar al arte después del fin de la narrativa modernista o del fin del arte, con el término poshistórico, porque lo que caracterizaba a lo moderno: el espíritu de progreso, cambio constante, búsqueda de lo novedoso y de una unidad estilística con pretensión de una dirección narrativa determinada, dejaron de manifestarse como parámetro ineludible. Danto descarta también el término Contemporáneo para nombrar al arte producido desde mediados de los 60’ hasta la actualidad. Dá cuenta de que este concepto alude más, a una situación en la que las producciones artísticas estuviesen compartiendo un mismo tiempo, por lo que no sería adecuado definir con este término a obras realizadas hace cuarenta años y a las producidas en la actualidad. Lo que ocurre para Danto, con los términos “Contemporáneo” y “Posmoderno” es que aluden a criterios o estilos identificables, por lo que no se adecúan a definir a este arte que él prefiere denominar “Posthistórico”, ya que el único elemento unificador o constante que podría presentarse como “norma” en este período, es casualmente la ausencia de normas.

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