3 jun. 2008

Nuevos discursos acerca del fin
La red como estructura de discontinuidad
Quizás por alguna influencia del pensamiento Hinduísta/Taoísta, algunos discursos producidos por culturas occidentales se desarrollan a partir del dualismo del ser de las “cosas”. Así es que, en ocasiones, para definir lo que un objeto o sujeto “es” se parte de lo que “no es” tomando como parámetro su aspecto negativo.

Es notable como en la posmodernidad se desarrollan en varias áreas de la cultura conceptos que se definen por lo que “no son”, o que “nacen” al anunciar la “muerte” o el fin de otro. Pareciera ser que hacia fines de un período o etapa histórica, se hace perceptible un pensamiento aparentemente “apocalíptico”, algo de esto se evidencia a partir de la culminación de la era moderna, a fines de los 60’, cuando entramos en la llamada era posmoderna. Hoy se producen, con frecuencia, textos que revelan discursos apoyados en este tipo de pensamiento. Para dar algunos ejemplos de ello; en el campo de la ciencia Fritjof Capra en “El tao de la física” (1982), alude al fin del positivismo científico; en el área de la filosofía Robert Peperell en “The post-human condition” (1995) tematiza sobre el fin de una concepción clásica del humanismo, y éste hace “cita” a su vez de un texto de J. F. Lyotard, “La condición posmoderna” (1979), que trata acerca del fin de la modernidad y de sus “metarrelatos”. Por su parte, Francis Fukuyama en su libro “El fin de la historia y el último hombre” (1992), ya desde el propio título anticipa su temática central, el fin de una concepción de la historia que dá origen a otra. Otros autores, aportaron su macrovisión del mundo actualizando miradas y modos de análisis aplicados al ámbito del pensamiento occidental, para ello plantearon la abolición de criterios que agotaron su capacidad de producir y hacer circular nuevos sentidos. Entre ellos, Jacques Derrida al introducir su concepto de “Deconstrucción” (“La escritura y la diferencia”, 1967) desmantela los sistemas filosóficos predominantes en la modernidad. Michel Foucault, mientras tanto, anuncia la muerte del hombre en “Las palabras y las cosas” (1968) señalando, “El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento. Y quizá también su próximo fin.”(375); gran parte de su obra revisa y replantea conceptos como los de humanidad, humanismo, poder, saber y discurso desarrollados desde una perspectiva originada a partir del “Iluminismo”. Jean Baudrillard en “Cultura y simulacro” (1978) elabora un nuevo concepto de “lo real”, según su opinión lo que se ha instalado en las sociedades de hoy es la “realidad del simulacro” el funcionamiento de lo “hiperreal”. Luego, más específicamente en el campo del arte, Arthur Danto en “Después del fin del arte” (1999) reformula viejos conceptos de arte y artista elaborados a partir del Renacimiento. Los mismos no se adecuan al momento de definir nuevas prácticas y producciones artísticas surgidas desde fines de la década del 60’, momento en el que llega a su fin la “narrativa” imperante durante la modernidad. Por último, me detengo al citar a Roland Barthes, quien desarrolla una relectura de conceptos fundamentales en el área de la Literatura, como los de lenguaje, texto, autor y lector. En un fragmento de “La muerte del autor”, en “ El susurro del lenguaje” (1987, 1968) declara, “para devolverle su porvenir a la escritura hay que darle la vuelta al mito: el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor”.

A mi modo de pensar, R. Barthes inaugura una mirada que percibe otros usos y modos del lenguaje, otros funcionamientos del texto y, a partir de estos ejes descubre una nueva escritura que borra la preeminencia de un individuo/autor “que autorice” al texto, por el contrario es el propio “texto” (del latín “tejido”, “red”) entendido como “Intertexto” o entrecruzamiento entre textos, el que es en sí mismo productor de sentidos. En definitiva sería entonces la circulación del texto y la posterior recepción del mismo, por parte del lector, la verdadera puesta en marcha de la maquinaria productora de sentidos y de una red de significancia. Este modo de pensar la escritura y los lenguajes muestra una configuración “espaciaL" del texto, el mismo no puede ser “interpretado”, o “atravesado” ya que no posee fin, su estructura “reticular” multiplica y genera permanentemente resignificaciones, disuelve la categorización jerárquica y unidireccional de “autor” - “lector”. Estos roles se desdibujan, se dinamizan y se intercambian continuamente en un juego de interactividad propuestos por el texto. Estas nociones relativas al ámbito del lenguaje y la comunicación anticipan ya, de algún modo, las prácticas comunicacionales y sociales que se pusieron en marcha a partir del desarrollo de la Web.

La tecnología comunicacional asume un rol protagónico en la actualidad, transformándose en herramienta que posibilita la producción y circulación de sentidos, siempre en constante proceso de actualización, movimiento que enlaza principio y fin en un continuo devenir.

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