21 sept. 2008

Tecnologías Conversacionales

Y Realidades Virtuales

Hace un tiempo, R. Barthes prefirió hablar no ya de realidades, sino de "El Efecto de lo real" Son las propias prácticas sociales, dadas en cada momento histórico las que construyen sus propios efectos de realidad, verosimilitud y ficción.

"Desde la Antigüedad, lo "real" estaba del lado de la Historia; pero esto era para oponerse mejor a lo verosímil (...) Toda cultura clásica ha vivido durante siglos con la idea de que lo real no podía de ningún modo contaminar lo verosímil; primero porque lo verosímil está en relacion sólo con lo opinable: está totalmente sujeto a la opinión (del público); Nicole decía: "No es preciso mirar las cosas como son en sí mismas, ni como las sabe el que habla o escribe sobre ellas, sino solamente en relación a lo que de ellas saben los que leen o entienden". (Fragmento - El efecto de lo real - R. Barthes)

Sigo con Barthes, pero ésta vez hago un pequeño desvío:

"Alguien ha propuesto clasificar las distancias de interlocución: distancia íntima (45 cm), personal (1,20 cm), social (3,60 cm) y pública. Los centímetros no son tan importantes: sin duda, en la escala de las posiciones recíprocas, las declaraciones varían, y no forman un mismo objeto científico, probablemente porque dirigirse a otros cuerpos (lo que es propiamente hablar) significa siempre decidir secretamente qué hacer con esos cuerpos (acercarse, evitarlos): en el habla se esconde un tacto. Igual sucede en el juego de las miradas: cuando hablamos, ¿a quién miramos, qué y según qué cambios miramos? La gestual y la proxémica son elementos esenciales del "lenguaje en acto", por el que las ciencias del discurso se interesan cada vez más (...) existe un objeto vago, una especie de "ruido" interlocutorio, que encontramos en las manifestaciones más variadas de la vida relacional: la conversación (...) es uno de esos objetos que desafían discretamente a la ciencia porque no son sistemáticos y porque obtienen su valor, por así decirlo, de su blandura formal." (Fragmento - Presentación de "La conversación" de R. Barthes (1979) en Variaciones sobre la escritura)

"Toda blogósfera no es más que una tecnología del diálogo" Me decía Rafael Cippolini respondiendo a un comentario, en una de las entradas del Cippodromo

Articulando tecnologías dialogales pensaba en que, si para Barthes hace unas décadas atrás, la conversación era una cuestión que se escabullía, un objeto inasible, un "casi" que no se deja clasificar ni generalizar; cuánto más difícil de "etiquetar" se torna ahora todo esto, cuando tantas de nuestras conversaciones se desenvuelven soportadas en medios tecnológicos virtuales. Sigo diciendo "conversaciones" porque creo que ocurren más allá del "vivo, en acto y en directo".

Y sigo pensando en todo ese universo que diverge y converge cuando hablamos de diálogos, conversaciones y realidades virtuales.

Algunas asociaciones libres me llevan al diván, a lo que ocurre cuando la conversación es con alguien con quien se establecen otros pactos. Los dos saben que uno está "leyendo" no lo que el otro dice, sino cómo eso dicho dice. (El inconsciente freudiano que atraviesa cualquier noción actual de sujeto es virtual? real? )

Tecnopsicodiálgo

En Asimov y en Yo Robot los cabos sueltos hasta aquí, se anudan de alguna manera.

¡Embustero! uno de los cuentos en Yo robot. La experta en Robotpsicología Susan Calvin dialoga con Herbie, el RB-34, trigésimo cuarto modelo de robot RB, fabricado por U.S. Robots & Mechanical Men Inc que, a consecuencia de alguna falla estructural puede leer las mentes. Los robots se construyen allí de acuerdo a un código, no está permitido infringir ciertas leyes. La primera Ley dice que "un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por su inacción, permitir que un ser humano sufra daño" Por lo tanto, Herbie entra en conflicto cuando al hacer uso de su falla/capacidad de leer las mentes se ve obligado a mentir, sucede que a veces sus veraces lecturas podrían llegar a causar algún tipo de daño a alguien.

"Cuando la doctora Susan Calvin entró, los ojos fotoeléctricos de RB-34 se levantaron del libro que estaba leyendo, al oír el chirrido de los goznes y se puso de pie (...)

-Te he traído algunos de los textos sobre los motores hiperatómicos, Herbie. ¿Quieres echarles una mirada? (...) La robotpsicóloga se sentó mientras él (Herbie) cogía también una silla, se sentaba al otro lado de la mesa y comenzaba a recorrer sistemáticamente los textos. Media hora después los dejó a un lado.

- Desde luego, sé porque has traído esto.

- Lo temía -dijo la doctora, torciendo el gesto-. Es difícil trabajar contigo, Herbie. Estás siempre un paso más adelante que yo.

- Con estos libros ocurre lo mismo que con los demás. No me interesan. No hay nada en sus textos. Su ciencia no es más que un conjunto de datos recopilados, amasados, para formar una teoría tan increíblemente sencilla que no vale casi la pena ocuparse de ella. Es tu parte imaginaria lo que me interesa. Tus estudios sobre la relación de los motivos y emociones humanas...-Su voluminosa mano describió un amplio ademán, mientras buscaba las palabras adecuadas.

- Creo comprender -murmuró la doctora.

- Leo en los cerebros, ya lo sabes, y no tienes idea de lo complicados que son -continuó el robot-. Me es difícil entenderlo todo porque mi mente tiene muy poco en común con ellos, pero lo intento, y vuestras novelas me ayudan.

- Sí, pero temo que después de las horripilantes sensaciones emotivas de la novela sentimental de nuestros días -y dijo esto con un tono de amargura en la voz- encuentres los cerebros auténticos como los nuestros aburridos e insípidos.

- ¡Pero no es así!

La súbita energía de su respuesta la hizo ponerse de pie. Sintió que se sonrojaba, y con congoja pensó: "Debe de saber..."

- Herbie se arrellanó en su sillón y con una voz en la que el timbre métálico había desaparecido casi por completo, murmuró:

- Por supuesto que lo sé, Susan Calvin. Piensas siempre en lo mismo, de manera que, ¿cómo no voy a saberlo?

- ¿Se lo has dicho a alguien? -preguntó ella.

- ¡No! -exclamó él con auténtica sorpresa-. Nadie me lo ha preguntado.

- Entonces...-susurró ella-, debes de creer que estoy loca.

- No, es una emoción normal.

- Por ello quizás es una locura. -El apasionamiento de su voz ahogó toda otra emoción. Una parte del alma femenina asomó tras la capa doctoral. No soy lo que podríamos llamar...atractiva.

- Si te refieres al mero atractivo físico, no puedo juzgar. Pero sé que, en todo caso, hay otros tipos de atracción.

- Ni joven -dijo ella, casi sin oír lo que decía el robot.

- Todavía no tienes cuarenta años -dijo Herbie con un toque de insistencia en la voz.

- Treinta y ocho si contamos los años; pero setenta si tenemos en cuenta mi concepto emotivo de la vida. Por algo soy psicóloga. Y él tiene escasamente treinta y cinco, y parece y obra como si fuese más joven ¿Crees que me ve alguna vez como otra cosa que...lo que soy?

- ¡Te equivocas! -dijo Herbie golpeando con su puño de acero la mesa de plástico, que produjo un estridente ruido-. Óyeme.

Pero Susan Calvin se volvió hacia él y el dolor de su mirada se convirtió en una llamarada.

- ¿Por qué habría de equivocarme? ¿Qué sabes tú de todo esto, siendo una mera máquina? Para ti no soy más que un ejemplar, un gusano interesante con una mente peculiar abierta a toda inspección. ¿No te parezco acaso un magnífico ejemplo de fracaso? Como tus libros...- Su voz, convertida en sollozos, resonaba en el silencio.

El robot se amilanó ante aquel estallido. Movió la cabeza, suplicante.

- ¿No quieres escucharme? Podría ayudarte, si me dejas.

- ¿Cómo? ¿Dándome un buen consejo? -dijo, torciendo nuevamente el gesto.

- No, no es eso. Es que sé lo que piensan los demás...Milton Ashe, por ejemplo.

Hubo un largo silencio durante el cual Susan Calvin bajó los ojos.

- No quiero saber lo que piensa -susurró-. ¡Cállate!

- Creía que querrías saber lo...

Susan seguía con la cabeza baja, pero su respiración se aceleraba.

- Estás diciendo tonterías -susurró.

- ¿Por qué? Trato de ayudarte. Milton Ashe piensa de ti... La doctora, viendo que se callaba, levantó la cabeza:

- ¿Y bien? -preguntó.

- Te ama -dijo el robot, tranquilamente.

Durante un minuto, la doctora permaneció en silencio. Sólo miraba (...)

Una serie de sucesos más ocurrieron y hacia el final del cuento Herbie es acosado y cuestionado por su conducta "traidora" por la doctora y otros científicos roboticistas:

Herbie estaba acorralado contra la pared y cayó de rodillas.

- ¡Basta! -gritó-. ¡Cierra tu pensamiento! ¡Está lleno de engaño, dolor y odio! ¡No quise hacerlo, te digo! ¡He tratado de ayudarte! ¡Te he dicho lo que querías oír! ¡Tenía que hacerlo!

La psicóloga no le prestaba atención (...)

- Debes decírselo, pero si se lo dices los hieres, de manera que no debes; pero si no lo dices los hieres también, de manera que...

Y Herbie lanzó un grito estridente.

Fue como un silbido de una flauta aumentado hasta el infinito, un silbido desgarrador y penetrante que resonó en todos los ámbitos de la sala. Y cuando se desvaneció en la nada, Herbie se había desplomado, reducido a un montón informe de metal inerte.

-Ha muerto- dijo Bogert, lívido.

- ¡No! -exclamó Susan Calvin, estremeciéndose y lanzando salvajes carcajadas- no ha muerto, se ha vuelto loco. Lo he enfrentado con el insoluble dilema y ha sucumbido. Podéis recogerlo ya, porque no volverá a hablar nunca más.

Hasta aquí llego aunque éste no es el fín....

Yo Robot - filme de Alex Proyas - No representa una transposición del libro de Asimov, pero toma de él algunos motivos.

2 comentarios:

  1. Leyéndote recordé a Borges diciendo que el diálogo es un tipo de género literario... también me sorprende cómo Asimov toca ciertas fibras... no había visto un blog así, seguiré pasando aunque debo admitirlo, me siento extraño, aún no sé si me gusta o no... un saludo...

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  2. Hola gonzzo, qué bueno que aquí hayas recordado a Borges, no sé exactamente de sus pensamientos acerca del diálogo, pero sí que muchos de sus escritos me conmueven. En el cuento de Asimov encontré rasgos que me hicieron interconectarlo con otros... en éste quizás extraño post, de éste también quizás extraño blog. Me hago cargo de la extrañeza que puede suscitar, no me incomoda. Sé que en muchas ocasiones podría ser percibido como poco agradable. Valoro el que hayas dejado un comentario de tu paso por aquí y tu sinceridad.
    Saludos y bienvenido a éste raro lugar.

    Fabiana

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