2 mar. 2009

Apocalípticos integrados

y más mitologías en-redadas

¿Qué pasaría si dejáramos de lado la "e"? Ya no pensar más en función de Apocalípticos e Integrados, sino más bien de "Apocalípticos integrados". Al menos fue este enunciado así, sin conjunciones entre términos opuestos, el que se me cruzó últimamente después de recorrer y visitar algunas diversas imágenes de Impactos Apocalípticos neoevangelicos, un variado espectro de imaginarios del "Fin del mundo" y, algunos relatos escritos por "El héroe de las mil caras".

Otros recorridos entre Génesis y Apocalipsis diversos y entrecruzados.

Retomando algo de lo que les decía en el principio, en aquella publicación del héroe multifacético, Joseph Campbell delinea un trazado de rutas mitológicas varias pero entrelazadas. Descubre entre otras cuestiones, ciertos modos y funcionamientos de algún tipo de pensamiento/conocimiento mítico.

Como dice este sitio : "Alguna vez te has preguntado, ¿qué tienen en común Luke Skywalker, Jesús, Neo, Siddhartha, Goku, Eragon, Moises, Naruto, etc... ? ¿Por qué sus historias son éxitos de taquilla en todo el mundo, independiente de la cultura o la época en las que hayan sido narradas? (...)" George Lucas y Star Wars entre otros, supieron seguir muy bien las huellas de aquellos trazados míticos a los que Campbell hace referencia y, diseñaron sus tejidos narrativos sobre esas encrucijadas. Regresando una vez más a los cruces de otros génesis y apocalipsis en Neon Genesis Evangelion, pensaba en los ingredientes que convierten aquel relato manga/anime, en lo que podría percibirse como todo un mito 2.0. Y cuando hablo de mito, me refiero no sólo a los modos de abordajes de estas narraciones y sus temáticas diseñados desde la producción, sino también a la enorme cantidad de "metarelatos" recreados por quienes forman parte de su recepeción. Este aparato receptor, con sus aceleradas y expansivas vías de circulación, serían impensables sin las posibilidades que generaron la Web y sus sitios de intercambio 2.0. Pero y además, otro dato significativo que se suma a estas cuestiones de mitos neoconfigurados es que los propios géneros manga y anime nacieron justamente de la mano del imaginario robótico y cyborg. No resulta casual que la cultura japonesa, como espacio donde sobreviven milenarios ritos y relatos míticos superpuestos a nuevas producciones y circulaciones de diversa tecnología, haya desarrollado dichos géneros, incorporando a sus entramados aquel vasto imaginario tecnológico. Pero no quiero dejar de lado aquello del pensamiento/conocimiento mítico. Como les contaba en el posteo anterior, Neon Genesis Evangelion (al igual que tantos otros relatos de mitos) evidencia cierta complejidad, finales que parecen superponerse a principios, muertes y renacimientos como encadenamientos cíclicos. Imágenes que no son más que pretextos para seguir ahondando y, la sensación de que una vez que hemos accedido a algún puerto, nos encontramos allí sólo con más sitios para seguir zarpando. Evangelion en sus diferenciales propuestas manga, serie anime, y cine anime, exhibe en mucho, un juego de todas estas sensaciones y percepciones. Respecto a la lectura de "El héroe de las mil caras", la retomé en estos días, después de mucho tiempo. En una página que casualmente había marcado, reencontré lo que podría ser una clave de acceso para ingresar al tramado Evangelion y a otros tantos relatos mitológicos de "fines y principios", de arquetipos e inconscientes colectivos enredados: "Santo Tomás de Aquino declara: "El nombre de sabio está reservado exclusivamente para aquel cuya consideración versa sobre el final del universo, final que también es el principio del universo". El principio básico de toda mitología es éste del principio del fin. Los mitos de la creación están saturados de un sentido del destino que continuamente llama a todas las formas creadas al imperecedero del cual emergieron por primera vez. Las formas avanzan poderosamente, pero invevitablemente alcanzan su apogeo, se derrumban y retornan. La mitología, en este sentido, tiene una actitud trágica. Pero en el sentido de que coloca nuestro verdadero ser no en las formas que ceden, sino en el imperecedero del cual inmediatamente surgen de nuevo, es eminentemente no trágica. Ciertamente, en donde prevalece el modo mitológico la tragedia es imposible. Prevalece más bien una cualidad de sueño. El verdadero ser, entretanto, no está en las formas, sino en quien sueña. Como en el sueño, las imágenes van de lo sublime a lo ridículo. No se permite descansar a la mente con sus evaluaciones normales, sino que continuamente se la insulta y se la arranca de la seguridad de que ahora, al fin, ha comprendido. La mitología está derrotada cuando la mente descansa solemnemente en sus imágenes favoritas o tradicionales, y las defiende como si ellas mismas fueran el mensaje que comunican. Estas imágenes han de considerarse como meras sombras de lo insondable, donde el ojo no llega, donde la palabra no llega, ni la mente, ni siquiera la piedad. Como las trivialidades del sueño, las del mito están cargadas de significado. La primera fase del ciclo cosmogónico describe el paso de lo informe a la forma (...) La cábala hebrea representa el proceso de creación como una serie de emanaciones que surgen del YO SOY del Gran Rostro. La primera es la cabeza misma, de perfil, y de ésta proceden "nueve luces espléndidas". Las emanaciones también están representadas como las ramas de un árbol cósmico que está cabeza abajo, enraizado en la "inescrutable altura". El mundo que vemos es la imagen invertida de ese árbol. De acuerdo con los flósofos Samkhya hindúes del siglo VIII a.c., el vacío se condensa en el elemento éter o espacio. De allí el aire se precipita. Del aire viene el fuego, del fuego el agua y del agua el elemento tierra. Con cada elemento evoluciona una función de los sentidos capaz de percibirlo: el oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato respectivamente. Un divertido mito chino personifica estos elementos que emanan como cinco sabios venerables, que surgen de una esfera de caos suspendida en el vacío: "Antes de que el cielo y la tierra se separaran uno del otro, todo era una gran bola de neblina, llamada caos. En ese tiempo, los espíritus de los cinco elementos tomaron forma y luego se convirtieron en cinco ancianos. El primero fue llamado Anciano Amarillo, y era el amo de la tierra; el segundo fue llamdo Anciano Rojo y era el amo del fuego. El tercero fue llamado Anciano Oscuro, y era el amo del agua. El cuarto fue llamado el Príncipe Madera y era el amo de la madera. El quinto fue llamado la Madre Metal y era la señora de los metales. Cada uno de estos cinco ancianos puso en movimiento el espíritu primordial del que procedía; de manera que el agua y la tierra cayeron hacia el fondo; los cielos quedaron solos y la tierra se asentó en las profundidades. Entonces el agua se reunió en ríos y lagos, aparecieron montañas y llanuras. Los cielos se aclararon y la tierra se dividió, allí estaban el sol, la luna, las estrellas, la arena, las nubes, la lluvia y el rocío. El Anciano Amarillo puso en movimiento la fuerza más pura de la tierra y a la suya se añadieron las operaciones del fuego y del agua. Entonces surgieron las hierbas y los árboles, los pájaros y los animales, y las generaciones de serpientes y de insectos, de peces y de tortugas. El Príncipe Madera y la Madre Metal reunieron luz y oscurdiad y así crearon la raza humana, el hombre y la mujer. Y así gradualmnete apareció el mundo (...)"

"Y así, para aprender el valor íntegro de las figuras mitológicas que nos han llegado, debemos entender que no son sólo síntomas del inconsciente (como son todos los pensamientos y actos humanos) sino también declaraciones controladas e intencionadas de ciertos principios espirituales, que han permanecido constantes a través del curso de la historia humana como la forma y la estructura nerviosa de la psique humana en sí misma.

Para decirlo en pocas palabras, la doctrina universal enseña que todas las estructuras visibles del mundo -todos los seres y las cosas- son los efectos de una fuerza ubicua de la cual surgen, que los sostiene y los llena durante el período de su manifestación y los devuelve adonde finalmente deben disolverse. Ésta es la fuerza conocida en términos científicos como energía, para los melanesios como mana, para los indios sioux como wakonda, para los hindúes como shakti y para los cristianos como el poder de Dios. Su manifestación en la psique la ha llamado el psicoanálisis libido. Y su manifestación en el cosmos es la estructura y el flujo del universo mismo."

2 comentarios:

  1. Muchas buenas ideas.
    Un recorrido inagotable.
    Besos

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  2. Muchas gracias, Rafael.

    También me pasa esa sensación de inagotable cuando entro a algún tipo de configuración mitológica. Percepciones del subrepticio poder del mito, de sus modos y efectos subliminales.

    Besos

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